ALGO PARA COMPARTIR

miércoles, 10 de noviembre de 2010

A mis 37 años, de a poco, voy aprendiendo algunas cosas. Y una de esas cosas consiste en que me doy cuenta que a medida que pasa el tiempo, los grandes amigos, los amigos de verdad no necesariamente son quienes están en un momento determinado o en un largo momento ininterrumpidamente, sino quienes a lo largo de los años, mientras nuestra calesita da vueltas, cada tanto los hallamos en nuestra vida.
Esto es lo que me ocurre con Fabio Ribaloff. Puede haber períodos de varios años, pero el tipo siempre está ahí, con su inteligencia, su humor y su permanente buena onda y ganas.
Hace algún tiempo me reencontré con él y hace unos días he leído algo que ha escrito y que realmente hizo que me diera cuenta que a veces lo que es artístico no se identifica necesariamente con un género en especial o con una persona en particular, es más, creo que aquello que "está bien logrado" deja una sensación más que grata de ambivalencia en el ambiente.
Esto es lo que ha escrito Fabio y lo quiero compartir con ustedes:

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Reinventar el desanimo desde un lugar neutral, lograr modificar el misterio que siempre acompañó tu desidia, y si no ves lo esencial de todo quizá es que nunca fuiste mas allá de lo que se ve con la inercia vacía y despótica de lo garantizado como comodidad.
Ahora vamos desintegrando fluidez, los dos sabemos reconocernos, y no tuve libertad más sanguinaria que la desechada por fanáticos que movían piezas como en un ajedrez gigante. La verdad nunca estuvo tan cerca y esquiva para tantos y vos volvías a mirar para otro lado disfrutando del juego y el entretenimiento.
Quisiste razonar, pretendiste armar un discurso que ya se perdió en un camino oscuro y vacío, con ecos de lamentable grupalidad, necesidad de pertenencia imbécil y estructurada en la más estéril de las inseguridades.
Llegué a creer que tenías más para dar y nadie pudo revertir mi desilusión de idealización absurda en algo que nunca estuvo donde creí verlo.
Guardé recuerdos tuyos dentro de la más hermosa caja dorada, no volví a abrirlo hasta ahora, y todo de vos no es más que polvo y cenizas que la brisa de este verano cálido y sereno se lleva, volviendo borrosa cada imagen.
Una nostalgia final se desvanece y yo pido guardar una última vez, una forma ya desgarrada y difusa.
La lluvia volvió a recordarme un film, una tristeza y una alegría se mezclan como memorias de retornos pasados y los deseos se volvieron ecos lejanos y la memoria se corroe suave y armónicamente en un juego de olvidos y recuerdos que sumergen todo en haces de luces, entre brumas marinas y espuma blanca que el viento deshace irremediablemente, imposible de retener entre las manos.
Nos atrevimos a guiar los últimos recursos en un sinfin de egolatrías que demostraron no ser nada mas que ilusiones y visiones de lo que nos faltó siempre, la carencia mas aguda que debiste dejar en algún rincón, el aire refrescó el bosque y ya sentí la marea crecer detrás con la voluntad de lo que no ve su ansiado e inevitable claustro cíclico y ancestral, en un universo rico de pasiones que se venden si no hay mas en que poder sumergir ideas trágicas y versiones variables de un tiempo que se escurre radiante y anacrónico.
Quisiera incorporar, un desliz, una virtualidad, tus manos deseantes de abrazos que nunca llegan, alguien que escuche y entienda esta galaxia hasta en su excentricidad.
Volumen retro de un mensaje guardado en cada mundo, en cada sol en cada reacción en cadena, en la radiación que vive en vos en forma de humanidad.
Alguien te acompañó una y otra vez, alguien siempre estuvo en esa parcialidad que retoma tu deseo, tu necesidad de guardar un rose tan personal e intimo como la atracción cósmica, un tiempo y espacios curvados el uno sobre el otro solo por la percepción de existencias mutuas.

Fabio Ribaloff
8/11/2010


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